CUANDO PISAMOS LAS CALLES

CUANDO PISAMOS LAS CALLES

Redacción: Las editoras

    gestion@360periodismo.com 

El necesario camino que lleva a la democracia discurre por sendas demasiado sinuosas en las que habitan seres que jamás han apostado por una auténtica justicia social.

Sus voces, sin embargo, son capaces de desviar a cientos, miles y millones de personas hacia la utópica urbe de grandes y hermosas avenidas, donde niños y ancianos se mueven libremente, seguros y felices con los bolsillos llenos, sabedores de que en cada esquina encontrarán un nuevo producto con el que satisfacer su derecho a consumir.

Los salvadores, los nuevos y los viejos, que apelan al legítimo deseo de los ciudadanos por alcanzar un mínimo bienestar, aprovechan cualquier excusa para elevar la desconfianza, el miedo y el odio al otro, a todo aquel que se interponga en sus sueños de ser feliz, de salir de ese pozo de marginalidad.

Lo curioso es que junto a ellos, en ese deseo, aparecen los que todo lo tienen, los que jamás pisarán los servicios sociales porque para ellos, la ley del más fuerte, del individualismo más exarcebado, el que está abajo es porque quiere, porque no se esfuerza, porque es un vago, un delincuente, un parásito de un estado que, paradojas de su discurso, debería desaparecer.

Esa es la democracia que se dibuja muy lejos de los barrios. Y esa es la democracia que venden sistemáticamente desde los altares de los medios, con un protagonismo garantizado, que les permite tener portadas sin esfuerzo alguno. No dicen nada, no hay noticia alguna, sólo el afán por acaparar la visión del mundo, del país de las ciudades y de las calles.

Pero aún así, la agenda informativa es de ellos, los titulares son de ellos, las páginas, las fotografías y hasta el debate de las viejas y nuevas barras del bar. Pero la realidad está en las calles, muy lejos de las redacciones, y más lejos aún de las instituciones, alejadas de un drama que condena a esos millones, miles y cientos de personas a una marginalidad real, indiscutiblemente vinculada a una marginalidad mediática.

Abrir el periódico o adentrarse a los informativos de cualquier medio es un espejismo de lo que hoy sucede, con la obvia complicidad de esos medios y profesionales que voluntariamente, o siguiendo unas pautas que interiorizadas, consideran que los más relevantes tienen nombres y apellidos (y cargos), a los que hay que tratar con respeto, aunque eso implique ofrecer propaganda y publicidad con apariencia de información.

El resto, anónimos, quizás alcanzarán su hueco algún día, con nombre de pila, pero será en las páginas de sucesos o, en el mejor de los casos, hartos ya de tanta desidia, en un la sección local, y levantando la voz, con música o sin ella, con el riesgo de ser radicalizados, pero con la esperanza de que sus calles sean ese bonito lugar que alguien les había prometido.

Sólo saliendo de las redacciones aparecerá un mundo que, para existir, no necesita ruedas de prensa, ni comunicados ni desayunos informativos. Un mundo repleto de calles donde transita la democracia, en la máxima reclamación del derecho a existir, que pasa por el derecho a ser información.

Es la máxima que aún persiste: lo que no es noticia, lo que no sale en los medios, no existe.
Y si no existe, no recibe presupuestos ni inversiones, y eso, en clave sanitaria o educativa, son centros de salud o colegios que garanticen un futuro con las mismas oportunidades para todos los habitantes.

En esas calles debe estar el periodismo, retratando los anónimos protagonistas con los que nadie cuenta, pero no siguiendo la comitiva de turno, en sus esporádicas inauguraciones de lo que se vende como un privilegio, un logro, un mérito electoral, y no lo que debería ser, lo que les pertenece, un derecho.

Solo así, cuando pisamos esas calles sinuosas, las mismas que conducen a la democracia, es cuando hacemos periodismo.

 FEMME FATALE

FEMME FATALE

Las editoras @360periodismo

    gestion@360periodismo.com 

Eva comió del fruto prohibido y junto a ella Adán fue castigado y expulsado del Edén. Pandora abrió la caja, y los males inundaron la Tierra y condenaron a los hombres.

La fórmula que culpabiliza a las mujeres es tan antigua, tan perseverante como lo es la Historia que nos. han contado. Renunciar a esa Historia y no tomarla como propia a veces supone el peor de los desenlaces.

Más de 1.000 mujeres asesinadas por sus parejas o expresas en España desde 2003, no son suficientes para poner en jaque a un sistema.

Nací en una familia en la que las mujeres tuvimos que aprender a ser independientes, a deshacernos de la losa que nos subordinaba. A las mujeres, por irreal que parezca, no nos viene de serie.

Estamos obligadas a demostrar que podemos, nuestra valía no se presupone. Esto se acentúa cuando te encuentras en la misma posición que un hombre, y en vez de ser tomado como un igual, es entendido como un ser superior. Es un camino constante a la igualdad que parece tornarse en una utopía.

Cuando era pequeña viví eso que la gente denomina «abuso sexual», eso era un vergonzante y anormal secreto.  Crecí y me di cuenta de que no era anormal, sino que se trataba de una realidad habitual. Empezó a ser menos secreto cuando lo conté, aunque la vergüenza siguió ahí, porque miedo y vergüenza es lo que las mujeres sentimos cuando nos preguntan: «que hiciste para llegar hasta ese punto?».

Lo que si nos viene de serie es que nos cuestionen y nos culpabilicen.

El machismo se ha rodeado históricamente de una mentalidad enfocada a la intimidad domestica, a «lavar los trapos sucios en casa». Pero la verdad es que más allá de la puerta también nos encontramos los resquicios de esta lacra.

Nos convertimos en consentidores de este sistema cuando eludimos denunciar una actitud misógina, cuando miramos para otro lado.

Puede parecer que es uno de esos problemas sobre los que solo se toma conciencia cuando los vives en primera persona, pero la realidad es que es un problema que afecta directamente al 49,6% de. la población mundial y que repercute en todos.

  NO NOS ASUSTA

NO NOS ASUSTA

La redacción @360periodismo

    gestion@360periodismo.com 

En 360 hemos querido hacernos hueco dentro de una profesión repleta de luces y sombras. Tratamos de informar, formar y entretener, pero resulta complicado complacer a todo aquel que nos lea. Somos conscientes de la responsabilidad que cargamos a nuestras espaldas pero no nos asusta.

Nuestra revista no es más que el fruto de trabajo realizado por el amor al arte de la curiosidad. Nos encanta debatir y siempre estaremos encantados de charlar con personas afines y contrarias a nuestras ideas.

Sabemos que no es el mejor momento para la profesión. Monetariamente se paga poco, el estrés será nuestro acompañante habitual y seguramente nos encontremos con bastantes entidades (físicas y jurídicas) que nos compliquen el trabajo. Pero ya lo decía un viejo amigo: «es el mejor oficio del mundo». Pese a las complicaciones que se presenten, siempre habrá un motivo por el que seguir adelante, nuestras ansias por molestar.

Otro número más. Ademas de trabajar en estas páginas los últimos meses hemos brindado ponencias, entrevistas en multitud de medios, se nos ha visto ofrecer nuestro apoyo e manifestaciones e incluso compartimos charlas a pie de calle . La experiencia que adquirimos con este proyecto es impagable. Los amigos que hemos encontrado dentro del periodismo también.

  EN BUSCA DEL OTRO

EN BUSCA DEL OTRO

Las editoras @360periodismo

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Al otro lado  de la frontera existe un mundo que no está en las noticias. Es una realidad que ha sido sistemáticamente marginada de nuestra actualidad, centrada en ofrecer la dosis justa de información que permitía engrasar la noria de un sistema mediático que gira y gira sin descanso,. Aunque, ya no es un secreto que las vueltas no conduzcan a ninguna parte.

Nos hemos acostumbrado tanto a los rodeos que apenas percibimos el mareo que deberá provocarnos tantas informativas que apuntan a nuestras tripas y corazones, olvidando nuestro lado racional. Se nos pide indignarnos y emocionarnos a partes iguales, aunque nunca lleguemos a entender lo que realmente sucede.

La esperanza siempre la depositamos en lo alto de la noria, confiando en que desde ese lugar comprendamos algo más. Pero el pico, sin embargo, está reservado para la candente actualidad, esa a la que no podemos renunciar y que acapara toda la visión. La realidad sólo es eso y nada más que eso.  Todo el esfuerzo dedicado en contemplar lo que tenemos que contemplar.

Lo más triste es que, por muy alta que esté la noria informativa, no alcanzamos a ver más allá de la frontera. De hecho, ni siquiera percibimos que exista una frontera. Pero al otro lado de esa línea invisible, personal, mediática, cultural y; sin duda, también física -con sus concretizas, vallas y océanos- están los otros.

Son los otros de Kapuscinski, las personas con nombres y apellidos que duermen en cajeros automáticos o que viven en una perpetua precariedad. Todos ellos vuelcan su pasión en el campo y en las calles, aunque reciban insultos o sean atropellados cada día por fanáticos de la carretera y el asfalto. Son también las víctimas de robos y saqueos de aquellos que olvidan los derechos humanos cuando el dinero está por medio.

Hablamos de todas aquellas personas repletas de capacidades pero sistemáticamente etiquetadas y relegadas a una anécdota informativa. Y aquellas otras, ellas, apartadas, discriminadas, prostituidas, violadas y asesinadas.

Los otros, las otras, las personas corrientes no quieren ser noticia. Pero sin ellos no habría un nosotros. Una paradoja que nos hace fuertes, más ricos, más abiertos, más, de nuevo Kapucinski, mejores personas. Son los otros y nosotros los que permiten que el mundo avance, que el conocimiento, ya sea compartido, sea la base de proyectos colectivos.

Sus historias son urgentes y necesarias si aspiramos a no perder nuestra vida informativa en una noria que da vueltas sin que alcancemos a ver nada.

Lo sabemos nosotros y lo saben todas las personas que nos apoyan, que han decidido confiar en este proyecto, conscientes de que las miradas a lo que vemos y a lo que no vemos necesitan algo más que los mismos temas, fuentes y enfoques que se repiten. Esas personas saben que solo así, con un proyecto compartido, podremos ver, conocer y compartir.

Por eso salimos a conocer el mundo. Al otro lado de la frontera hay algo mágico que nos incita a salir, a contarlo, a vivirlo. Sólo por eso hacemos periodismo.

  UN PUNTO DE PASO

UN PUNTO DE PASO

 

La redacción @360periodismo

    gestion@360periodismo.com 

Un punto de paso. Así percibimos la mayoría de los estudiantes la universidad, que se ha transformado en una mera transición entre la educación secundaria y la vida laboral. 360 ha distorsionado esta percepción, haciendo de la academia un punto de inflexión al entrar de lleno en la profesión. Esta revista significa un impulso. Afectados, beneficiados, responsables, invisibles… Todos ellos forman parte ya de nuestra trayectoria, que despega a partir del contacto directo con los protagonistas de la historia.

A partir de hoy tienes en tus manos el trabajo que 63 personas han elaborado durante cuatro meses. Más allá de estas páginas se esconden semanas de documentación, días de reuniones y horas de entrevistas. 360 nos ha permitido compartir una vocación con compañeros que, desde el principio, han priorizado las ganas de pisar la calle pese a los tiempos y esfuerzos que acaparan nuestros días.

Bajo el estigma de una generación desinteresada, emerge otra realidad. Somos los hijos de quienes dedicaron todo su esfuerzo a crear un futuro mejor. Somos los nietos de los que aprendieron a sobrevivir con casi nada. Este legado de trabajo y resistencia caracteriza a un curso comprometido que quiere conocer las tripas del periodismo. Ese que cobra una determinante importancia en el devenir de la sociedad, ese que va más allá de la simple transcripción de dictados oficiales: el periodismo de investigación.

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  NO SON NUMEROS

NO SON NUMEROS

 

Los editores @360periodismo

    gestion@360periodismo.com 

Los números no suelen mentir. Así lo dicen muchos representantes políticos cuando hablan de algunas cifras que predicen o consolidan una recuperación económica que muchos expertos en economía no terminan de ver. El problema de esta apuesta por lo objetivo, por el dato supuestamente carente de interpretaciones ideológicas, es que también puede mostrar un retrato de la realidad del que es imposible sacar el mínimo rédito.

La respuesta de algunos sectores políticos y empresariales a las dramáticas cifras de la pobreza en Canarias –y el conjunto de España– oscilan entre desprestigiar la metodología utilizada para obtener los datos y culpabilizar a los propios protagonistas de la pobreza por aprovecharse de las prestaciones sociales o preferir el mercado negro.

En cualquiera de los dos casos el objetivo está en negar la realidad: un tercio de la población en Canarias vive en estado de pobreza.

Foto: Rita Robaina

La cifra duele, y resulta inadmisible que en un Estado del Bienestar se alcancen esos niveles. Y menos aún cuando se presume de un gran crecimiento económico, de un turismo de récords y de otras cifras de inversiones atraídas gracias a los incentivos fiscales. Pero aparte de los números y los grandes titulares, duele saber que ese porcentaje son historias reales, de personas que viven una pobreza que tiene demasiadas caras.

Romper el imaginario de la pobreza debe ser el primer paso para afrontarla. Superar esa única vinculación con las personas que viven en la calle y asumir que hoy tener un trabajo o una pensión no es una vacuna contra la pobreza. Y mirar de frente las trágicas consecuencias de esta crisis (suicidios, depresiones, penurias diarias…) que, afortunadamente, son abordadas por profesionales y voluntarios que mitigan el impacto de unos números que no mienten.

Consulta el reportaje completo Adiós al Estado de Bienestar 

  SOMOS PERIODISMO

SOMOS PERIODISMO

 

Los editores @360periodismo

gestion@360periodismo.com

El periodismo vive momentos de incertidumbre que poco tiene que ver con una profesión que reclama su papel de garante del derecho fundamental a la información. La percepción de que está en crisis es falsa y apunta a la dirección equivocada. Hay una crisis, sin duda, pero es una crisis del modelo de negocio, de aquellos que solo miran la cuenta de resultados como único objetivo en un carrera con otros fines. Solo así se puede entender los palos de ciego que muchos dan por captar clientes, cuando olvidan que su objetivo es captar ciudadanos.

La política y la economía, donde se juegan las grandes batallas informativas, han dado el salto del contenido de las noticias y reportajes a los consejos de administración de los medios. Política y economía se visualizan hoy en la publicidad y propaganda que acapara el hueco de muchos medios.

Una mirada a la información deparará a los lectores la triste sorpresa de que viene impulsada por gabinetes o, peor aún, fabricada ya con su envoltorio final. Son percepciones acertadas que en las teorías que estudian la comunicación tienen el nombre de agenda setting, la espiral del silencio, gatekeepers… En otras palabras: temas, fuentes y enfoques que tienen su hueco garantizado y, colateralmente, desplazan otros temas, fuentes y enfoques que reflejan una realidad muy distinta.

Los periodistas, en esta dinámica, se ven forzados a mirar al frente, donde están esos protagonistas que es imposible mover de la foto. Y el lector medio, sin conocer la intrahistoria de esa información, asimila que esa es la realidad.

Pero el periodismo es un derecho fundamental, y por eso es urgente girar la cabeza. Mirar a los lados y empezar a caminar hasta abarcar todo el horizonte. Se trata de observar alrededor y girar todo lo que haga falta para ver lo que ocultan a nuestras espaldas. Una mirada de 360 grados a una realidad que jamás se abarcará en su totalidad, pero que, desde luego, merece un hueco en nuestras páginas.

Esta revista no se enfoca en la actualidad inmediata. Ya lo hacen muchos medios con aciertos y errores que el lector deberá valorar. Esos medios son necesarios para que el día a día llegue a los ciudadanos como información y no como publicidad y propaganda. Pero nuestra revista no tiene la mirada puesta en el día a día. Optamos por buscar temas ignorados o temas que, presentados en capítulos y de forma inconexa, no ayudan al lector.

Creemos en el periodismo de investigación y apostamos por profundizar en la información. No se trata solo de descubrir secretos oscuros. El periodismo de investigación debe ayudar a que el ciudadano entienda lo que sucede, y no se quede sólo con saber qué sucede. La investigación, en tiempos donde se presume de transparencia, está más en juntar hechos, datos o cifras para construir una historia coherente. Solo esa mirada de 360 grados a la información puede dar sentido a la realidad.

Y por eso buscamos formas de contar la información. Reportajes y crónicas se acompañan de infografías, fotoreportajes, comics periodísticos e ilustraciones que no son decorativos, sino la herramienta adecuada para digerir la información.

Es un proyecto que ya nace con un deseo de aprender. Nos equivocaremos, y pediremos perdón. Pero intentaremos que nuestro crecimiento como revista sea con paso firme, con la certeza de que no hay hipoteca que nos condicione.

Es un reto inmenso, y por eso le pedimos apoyo. Porque nuestro reto es el de los ciudadanos. No existe una revista igual en Canarias. Es una apuesta única que solo tendrá sentido si confluimos con una sociedad que debe entender que el derecho a la información, como cualquier derecho, se exige y se ejerce. Si no lo hacemos, el derecho puede que acabe convertido en un mero producto que se compra y se vende.

Pero, paradójicamente, los derechos se pagan. Ahí están los impuestos con los que queremos contribuir a un estado del bienestar que hoy sufre. Y ahí está el precio que hemos puesto a esta revista. No es gratis. Y si lo fuera, les aconsejaríamos que prestaran mucha atención a su contenido. Detrás de esta revista hay una cantera de periodistas que saben dónde está la clave de esta profesión. Es un proyecto que en los próximos números, que los habrá, tiene la aspiración de llegar a más y más personas. Y eso depende de que ustedes, ciudadanos, nos exijan hacer lo que sabemos y queremos hacer. Somos periodismo.

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