El precio de introducir lo exótico
Las especies invasoras proliferan en Tenerife, alteran ecosistemas frágiles y generan riesgos ambientales y sanitarios
Las cotorras de Kramer, las ratas o los gatos son algunas de las especies exóticas invasoras (EEI) que se han convertido en parte de nuestro día a día, a pesar de no formar parte de los ecosistemas canarios. En el Catálogo de la Red Canaria de Alerta Temprana de Especies Exóticas Invasoras (RedEXOS) se registran más de 120 animales invasores en el Archipiélago. Los ecosistemas insulares tienen una biodiversidad más sensible porque son espacios geográficos aislados y, por ello, sensibles a cualquier alteración.
Se entiende como EEI aquella procedente de otra región o país y, además, cuando llega al nuevo territorio, se establece, se expande y provoca impactos negativos en el ecosistema, la economía o la salud. En cambio, una especie invasora es, sin importar su origen, cualquier especie que se propaga y crece de manera descontrolada.

¿Cómo llegan?
Las EEI se introducen por la acción humana. «Tiene que ser algo que haya sido mediado por el hombre, ya sea voluntaria o involuntariamente», explica Jesús Brito, biólogo de Gestión y Planeamiento Territorial y Medioambiental (Gesplan).
Hay varias formas de llegada. Jaime de Urioste, presidente de la Fundación Neotrópico, afirma que «una de las maneras de transporte involuntario puede ser un contenedor que carga madera en Indonesia, viene a una carpintería y cuando abre el contenedor salen animales». Otra forma, comenta, puede ser de manera voluntaria en aviones o embarcaciones. «A la gente le gusta tener animales raros como mascota, y los introduce en las Islas. También algunas se liberaron con una vertiente lúdica, para cazar, y acaban siendo un problema», declara.

Por ejemplo, el muflón (Ovis aries musimon), que llegó a las cumbres de Tenerife en 1971. Se introdujo con el objetivo de fomentar la caza mayor en el Parque Nacional del Teide. En la actualidad hay alrededor de 250 ejemplares y se ha convertido en una especie invasora. Manuel Marrero, biólogo del Parque Nacional del Teide, expone que «hay una población más o menos permanente que tendemos a controlar». Asimismo, asevera que el objetivo es erradicarlo, «pero es difícil».
En el caso de las aves, las especies que no son autóctonas pero llegan por ruta migratoria no se consideran invasoras, porque no llegan por acción humana. El biólogo del Parque Nacional cuenta que se han visto auténticas curiosidades. «El cambio climático ha hecho que especies que nunca han llegado a Canarias se desvíen en sus viajes migratorios». En particular, el Mirlo Capiblanco (Turdus torquatus), que tiene dos subespecies, una de los Alpes y otra de Escandinavia, migra a las Islas para alimentarse de los frutos de cedro.
«Se puede comprar comida específica para erizos, aunque estén prohibidos»
Existen leyes que regulan la introducción de especies en España. El artículo 54 de la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad ratifica que «la Administración General del Estado prohibirá la importación o introducción en todo el territorio nacional de especies o subespecies alóctonas cuando estas sean susceptibles de competir con las especies silvestres autóctonas, alterar su pureza genética o los equilibrios».
Sin embargo, Brito asevera: «La ley no se cumple». El biólogo asegura que hay que declarar cualquier especie que entre al territorio, pero es un proceso que muchas veces no se lleva a cabo. «En ocasiones la propia Guardia Civil es la que no lleva un control exhaustivo en las aduanas», expresa. Así, comenta que «en las tiendas de animales puedes comprar comida específica para erizos, aunque estén prohibidos».
Amenaza para los ecosistemas
Según el estudio Invasiones biológicas por especies exóticas, la presencia de EEI constituye una amenaza grave para las especies autóctonas, los hábitats o los ecosistemas. En primer lugar porque las invasoras actúan como depredadoras de especies nativas, que no han evolucionado para defenderse ante esta nueva fauna. Estos animales, a su vez, compiten con las autóctonas por alimentos o recursos, llegando, incluso, a alterar las propiedades del terreno.
Así lo confirma Juan Carlos Rando, profesor de Zoología en la Universidad de La Laguna (ULL): «Todas las especies autóctonas insulares son susceptibles de sufrir los impactos de las invasoras, porque las características de las invasoras varían mucho».

Por ejemplo, el conejo europeo (Oryctolagus cuniculus), predominante en el Parque Nacional del Teide, donde se estima la presencia de miles de ejemplares. Marrero, afirma que este animal actúa como un «ingeniero del paisaje», cambiando la composición de la vegetación debido a su dieta selectiva sobre plántulas. «Esto impide la regeneración de flora nativa como la retama del Teide», explica. Además, manifiesta que su orina y heces alteran la química del suelo.
Según el proyecto europeo Life Invasaqua, la fauna no nativa puede, también, traer consigo distintas enfermedades, lo que afecta a las especies autóctonas y a la salud humana. El lagarto Anolis porcatus, conocido como anolis verde cubano, invasor en Tenerife, es portador de una amplia gama de bacterias con potencial zoonótico (como Escherichia coli y Salmonella sp.) que podrían transmitirse a la fauna nativa.
Rando confirma que las EEI pueden presentar un peligro sanitario. «Este verano hubo problemas con el mosquito tigre (Aedes albopictus) en distintas Islas, como Fuerteventura, Gran Canaria o Tenerife. Es capaz de transmitir enfermedades como el dengue», expone.
Trabajos de control
La Administración Pública destina presupuestos anuales para el control de las especies invasoras. El Cabildo de Tenerife aprobó una inversión de 3,1 millones de euros el pasado agosto para la conservación de la fauna silvestre, mejora de hábitats y control de especies invasoras. El plan está a cargo de la empresa pública Gesplan y tendrá una duración de tres años.
Desde el 2020 existe la Red Canaria de Alerta Temprana de Especies Exóticas Invasoras (RedEXOS) con la finalidad de localizar, identificar, analizar, controlar o erradicar los nuevos focos o poblaciones de EEI en Canarias. Para reforzar la Red, la Consejería de Transición Ecológica y Energía del Gobierno de Canarias ha convocado ayudas por valor de 300 mil euros destinadas a los centros de recogida de especies exóticas invasoras y mejorar la detección y gestión de estas especies.
En el caso de los muflones en el Teide, desde hace décadas se han puesto en marcha campañas anuales de erradicación. En ellas, cuadrillas de voluntarios especializados cazan todos los ejemplares que la resolución administrativa de 27 de marzo de 2025, relativo a autorización para el control de las poblaciones de muflón en Tenerife. Sectores, etapas, jornadas y cupo para 2025 permite. Asimismo, el Parque Nacional dispone de personal propio para intentar, si las cuadrillas no logran llegar a los cupos establecidos.
Por otro lado, desde el Parque Nacional, también se realizan campañas de control para erradicar al conejo europeo. Concretamente «se lleva a cabo operativos de caza en el que cuadrillas con perros y hurones buscan capturar dicha especie», apunta Marrero.
«Nadie ha erradicado una EEI de una isla de más de 12 kilómetros cuadrados»
Eliminar a las EEI podría parecer la solución más lógica, pero el biólogo Brito cuenta que «nadie ha erradicado una especie exótica invasora de una isla de más de 12 kilómetros cuadrados». En Tenerife, para hablar de erradicación, afirma que tendría que ser en especies con focos muy pequeños. «No se puede realizar en una campaña, tendría que ser a largo plazo, pero no se suele dar en la Isla», cuenta.
El biólogo explica que en Canarias no hay capacidad económica ni humana para asumir las erradicaciones. Es por ello que comenta que «en muchas especies ya no se habla de eliminación, sino de control». Asimismo, pone de ejemplo el caso de las cucarachas, los gatos y las ratas: «Es un problema con el que tenemos que vivir. Las quitamos y las controlamos, pero no podemos hacer mucho más».

Concienciar
Un punto fundamental del control de las EEI es la prevención y concienciación de la población. Para Juan Carlos Rando lo primero es «informar y educar». El biólogo asegura que mucha gente no sabe el impacto y las consecuencias que tienen las invasiones biológicas. Además, explica que otro paso fundamental es «establecer controles, como se hace en otros puertos y aeropuertos».
En el caso de la Fundación Neotrópico, activa más de dos décadas con la misión de rescatar y rehabilitar a animales exóticos, se imparten charlas en centros escolares. Jaime de Urioste, su fundador y presidente, explica que «las organizan con el objetivo de concienciar sobre el riesgo de las especies exóticas en nuestros ecosistemas».
El otro campo importante es la voluntad política de asumir el problema, afirma Rando. Asimismo, su postura es rotunda: «Los técnicos podemos hablar de lo que queramos, y podemos dar formaciones, pero si no hay compromiso de enfrentamiento a la necesidad, es un problema que no se va a solucionar».
