Volcán de La Palma

¿LA NOTICIA? UN VOLCÁN

Por: Lucía García

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Para muchos, el 19 de septiembre se cumplió un año del volcán. Para mí, se cumplió un poquito antes. Fue el 14 de septiembre del 2021. El director del programa en el que trabajaba, para Televisión Canaria, me llamó como cada mañana para darme el tema del día. «Te vas a La Palma», me dijo, «hay unos movimientos sísmicos algo llamativos y queremos que vayas de refuerzo para el equipo que ya está allí». El vuelo salía a las 13:00 horas

Mi labor en la isla era hacer un reportaje sobre cómo los vecinos estaban viviendo aquella situación. No voy a negar que pensé que se trataba, una vez más, de simples terremotos que, en pocos días, cesarían. Los palmeros estaban bastante acostumbrados a esto.

«Cuenta cómo vivieron ellos el Teneguía”, pues esa era la referencia más cercana que se tenía. Pero quedaban pocos días para que eso cambiara. Pasaron los días y aquellos seísmos no paraban, al contrario, había más y más fuertes. Varios compañeros míos y yo tuvimos una conversación el viernes 17 con Pedro Hernández, vulcanólogo de INVOLCAN: “Yo que ustedes no me iría de aquí, sabemos que algo va a pasar”. Algo se me removió en el interior.

La periodista, Lucía García entrevistando a un vecino afectado por el volcán de La Palma
La periodista, Lucía García entrevistando a un vecino afectado por el volcán de La Palma | Foto cedida a 360

Domingo 19. Recibo la llamada de mi director. “Estaba esperando tu llamada”, le dije. El barco salía para La Palma a las 20.30 horas. En ese barco me di cuenta de la gravedad del asunto. Miles de periodistas y cientos de equipos de emergencia. ¿Estaba yo a la altura?

Grabamos durante toda la madrugada. Era un poco grabar por grabar, sin saber muy bien el qué. Era una situación muy extraña. Y yo no fui consciente de esa situación hasta el viernes 24, cuando regresé a Tenerife y me di cuenta de que yo podía irme, pero el volcán se quedaba.

«Me quedo con historias como la de Loli, que me contó que encima de la mesa de su casa se quedó el plato de sopa de pescado que estaba comiendo su hijo cuando erupcionó el volcán».

Volví a La Palma el lunes y recuerdo con poca claridad lo que hice, pero puedo destacar una anécdota. Trabajar en un medio de comunicación tiene su lado bueno y su lado no tan bueno. Íbamos a grabar un reportaje de “un día con la Policía Local de Los Llanos de Aridane”. ¡Qué guay, vas a sitios donde al resto de la gente no nos dejan ir!, nos decían.

Sí, muy “guay” hasta que en mitad de la grabación ves como el agente se separa unos metros para hablar por teléfono. Se le veía nervioso. A los pocos minutos regresa y nos dice, muy apurado: “tenemos que irnos de aquí inmediatamente”. Estábamos cerca del cruce de La Laguna. “Bueno, nos queda muy poco para terminar”, le dije yo. “No, nos tenemos que ir ya”.

«Yo que ustedes no me iría de aquí, sabemos que algo va a pasar». Pedro Hernández, vulcanólogo de INVOLCAN

El cámara y yo nos miramos con gesto de “bueno, pues nos quedamos con el trabajo a medias”. Y el agente añadió: “El volcán se ha taponado, de hecho, hace tiempo que no se oye. Tenemos que irnos porque puede explotar y las bombas pueden llegar a un perímetro de 3km”. Nos fuimos inmediatamente. Terror puede ser la palabra que describa a la perfección lo que sentí en ese momento. Y así durante 85 días, unos mejores y otros peores.

El micrófono del programa | Foto cedida a 360
El micrófono del programa | Foto cedida a 360

 

Esta cobertura fue todo un aprendizaje

Me quedo con el comportamiento ejemplar y admirable de todos los palmeros. Sus historias me las guardo. Aunque muchas ayudé a contarlas en la tele, me quedo con las que me contaban detrás de cámara. Como la de Loli, que me contó que encima de la mesa de su casa se quedó el plato de sopa de pescado que estaba comiendo su hijo cuando erupcionó el volcán. Salieron con lo puesto, se dejaron hasta la cartera. ¿Y qué más da eso ahora? Ya no hay cartera, ni plato de sopa, ni casa.

Aprendizaje es la palabra que resume mi paso por el volcán (o el paso del volcán por mí). La Palma fue mi hogar durante nueve meses, me conozco sus calles, sus pueblos… y qué duro es informar de que un sitio que conoces, ha desaparecido. Pero aprendes a hacerlo, aprendes a estar fuerte delante de la gente, y delante de la cámara. Aunque por la noche, no pares de llorar en la habitación del hotel.

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