Comprometidos contra la violencia machista

Por: José María Calleja. Profesor de Periodismo. en la Universidad  Carlos III.

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Un hombre acaba de asesinar a su mujer delante de su hijo que salía del colegio y en la tele han dicho que era un ¨suceso aislado¨. Un hombre ha sido condenado a severas penas de cárcel por el asesinato de la que fue su novia, y se ha contado como si fuera un suceso a pesar de que la sentencia ponía ¨agravante de género¨.  Las mujeres que perdieron hace años a sus hijos a mano de sus exmaridos, siguen sin visibilidad. No se habla, al referirse a ellas, de violencia vicaria y cuando se lo explicas a las alumnas con estas palabras ignotas, ponen cara rara. No sabían que existía eso. Ni te cuento el resto del país.

Sesenta mujer asesinadas al año. en España parece que no son suficientes para estar en la agenda informativa. Tampoco lo son los asesinatos de sus hijos ni las niñas ni adolescentes que se quedan huérfanas y de las que no nos preocupamos los periodistas por cómo serán sus vidas hoy y mañana. La violencia machista ha asesinado en España más que el terrorismo de ETA, pero no hay manera de que los medios la aborden de forma adecuada.

Está claro que terrorismo etarra y violencia machista son magnitudes distintas, no comparables, con distinta etiología, aunque con un mismo resultado de muertes, de asesinadas; con un mismo destrozo familiar. En el primer caso había una organización fanatizada, organizada, que de forma sistemática, sostenida en el tiempo -hasta que la democracia les derrotó- asesinó a todos los construidos como enemigos. Daba igual que a muchas de las víctimas de los asesinos no las conocieran y que a la inmensa mayoría las asesinaran por lo que simbolizaban.

En el caso de la violencia machista, un hombre asesina a su mujer o ex mujer, a la que cree de su propiedad, de la que piensa que, o es suya o no es de nadie; y luego se suicida. Ya ha conseguido su objetivo; asesinar a esa mujer que había empezado a dejar de ser suya. El asesino machista no se organiza con otros hombres para dar batidas y asesinar a cuantas más mujeres mejor; aunque es posible que celebre  el asesinato de otra mujer a manos de otro hombre y, en no pocos casos, puede preguntarse; ¨si esa la ha asesinado ¿voy a ser yo menos?

Son historias distintas terrorismo y crímenes machistas, pero con elementos contaminantes; odio, muerte y miedo. Destrozo irreversible en los dos casos.

El terrorismo siembra miedo para ser eficaz -asesina a uno para atemorizar a miles- y a las mujeres que sufren violencia machista y viven paralizadas por el miedo aterrorizadas, neutralizadas como ciudadanas que exigen sus derechos y su dignidad.  Antes de ser asesinadas están muertas en vida. El odio se entrena, se inocula, se aventa, hasta crear un ser odiado contra el/la que todo es posible. Encarnada, la otra como el mal, todo lo. que se haga contra ella, incluida la muerte, esta bien. Mato luego mando y poseo , dice el violento machista.

No se cuantas mujeres más tienen que ser asesinadas para que la violencia machista tenga un tratamiento proporcionado a su gravedad en los medios de comunicación. El periodismo es, entre otras cosas, ofrecer a los ciudadanos en los materiales informativos un tratamiento proporcionado a la importancia del hecho. Aquí, estamos hartos de tratamientos prolíficos de asuntos irrelevantes, muchas veces inanes, mientras que las cosas graves: un hombre asesina a su mujer, junto con otros sesenta hombres que asesinas a sesenta mujeres al año, sean presentados como sucesos o no merezcan ni un breve. No hay una sección específica en los medios que diga: violencia machista; no hay un poner el micrófono a las mujeres expertas en el tratamiento de los asesinatos machistas.

Algunos medios aún no han dado con la ¨palabra exacta¨ que exigía Juan Ramón Jiménez, y todavía hablan de ¨violencia doméstica¨; o peor aún de ¨crimen pasional¨ de hombre loco de amor al que no le queda más remedio que asesinar a la mujer cuando esta le dice que no aguanta más.

A pesar de todo, se ha avanzado mucho respeto a los tiempos remotos en los que las mujeres víctimas eran percibidas por entero como culpables, sujetos obligados a dar explicaciones de su propio asesinato aunque no estuvieran, claro, en condiciones de hacerlo.

Hay leyes, desde 2004, Ley integral contra la violencia de género, que atacan a los asesinos y defienden a las víctimas como nunca antes. Ahora ha habido una ponencia en el Congreso de los Diputados en la que se han planteado posibles cambios, entre otros, para considerar a las mujeres cuyo marido o exmarido ha asesinado a sus hijos, también como víctimas de violencia de género.

Se ha mejorado, pero la mayoría de los periodistas no hemos tomado aún una posición beligerante contra esta matanza. Hace falta compromiso.

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