UN DAÑO MEDIOAMBIENTAL

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El caso Tauro

El caso más famoso, en Gran Canaria, de relleno de arena de una playa con áridos saharauis extraídos y comercializados ilícitamente.

Mientras la empresa Anfi (familia Lyng y Hermanos Santana Cazorla) fue la encargada de cubrir los callaos de la costa de Tauro, en el municipio de Mogán, con arena saharaui, sortean a la Justicia y se aprovechaban del vacío legal, sin adjuntar el informe del impacto ambiental pertinente.

Fuentes del Seprona confirman, precisamente, ese “vacío legal” con respecto a las importaciones de arena del Sáhara. Fue la Dirección General de Sostenibilidad de la Costa y del Mar quien, en 2015, ejecuta la concesión a dicha persona jurídica a 50 años.


Santiago Santana Cazorla colocó al menos 70 mil toneladas sin tratamiento previo. Del camión a la cala. El inicio de la obra data de finales de febrero de 2016. El proyecto contó con una inversión de 2,5 millones de euros. La turbidez del agua resulta un grave perjuicio a los sebadales del fondo marino de Mogán, en su Zona de Especial de Protección de la Franja Marina que comienza a 300 metros desde la orilla.

Y es que, intentaron duplicar sus dimensiones al aumentar a 280 metros de longitud y 50 de ancho su superficie.

El tráfico mundial de arena se encuentra cerca de los 18.000 millones de toneladas, solo por debajo del consumo de agua, y siendo seis veces superior a la demanda de petróleo, con 3.400 millones de toneladas, según datos extraídos del informe de la Internacional Union of Geological Sciences del año 2014.


Al contrario de lo que el imaginario colectivo puede llegar a pensar, la arena es un bien primario extraído de la tierra y, como tal, es escaso. Entre los sectores más demandantes de este material se encuentran la construcción y el turismo, en este orden.

El primero cuenta con tres cuartas partes de la totalidad de la demanda de arena para su uso en la elaboración de diversas infraestructuras, entre otras razones, por la relación calidad-precio presupuesta en el empleo del hormigón armado frente a otros materiales.

Uno de los principales rasgos de la arena es su versatilidad. Su uso abarca desde la fabricación de chips, móviles, ordenadores, o pinturas, hasta la elaboración o el saneamiento de playas, así como en la creación de hormigón y mortero.

Además sirve de refugio y protección para muchos seres vivos, desde microorganismos como las bacterias, pasando por líquenes hasta seres más complejos como los escorpiones, víboras o gacelas. Se da la situación en la Comunidad Autónoma que ambas industrias, tanto la turística como la de la construcción son prioritarias en el desarrollo económico de Canarias.

A medida que crece la utilización de la arena y sus derivados en el sector industrial, la amplia demanda se aúna a la escasez local en las canteras isleñas, por lo que se recurre al expolio de arena de otros lugares, el tráfico entre islas o a la explotación de recursos desde otros puntos, como el del desierto del Sahara.

El buque Dura Bulk descarga arena en la Dársena Pesquera del Puerto de Santa Cruz de Tenerife el 27 de noviembre de 2017 / Rita Robaina

Este último caso ocasiona un desajuste jurídico, puesto que “el acuerdo comercial agrícola y pesquero de los Veintiocho con Marruecos nunca fue aplicable para el Sahara Occidental”, un hecho que ha desoído el Reino de Marruecos, quien “a pesar de las sentencias y acuerdos internacionales” apunta César-Javier Palacios, miembro de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA) y experto en el estudio del impacto medioambiental, ha dado lugar a “la instalación de colonos del norte, y ha convertido a los saharauis en una minoría dominada, con ciudades fantasma levantadas en medio del desierto, donde ya viven más de medio millón de personas”.

Al mismo tiempo que provoca una brecha en el ecosistema, produce “cambios en los movimientos naturales de la arena, como una grave alteración de los hábitats de especies de animales amenazadas, entre otros, la llegada masiva de numerosas especies saharianas a estas zonas que, en muchos casos, se comportan como especies invasoras”,.

En cuanto a los recursos hidráulicos, un mapa geológico elaborado por científicos británicos muestra que África descansa sobre una reserva inmensa de agua subterránea, cuyos mayores acuíferos se situarian en gran parte del desierto del Sáhara.

Aunque “sería necesario extraer cantidades estratosféricas de arena para que pudieran dañarse esas reservas, su posible incidencia estaría más bien relacionada tan solo con las recargas futuras.

El peligro de estos acuíferos es sobre todo su sobreexplotación incontrolada”. Esta extracción desmedida trae consigo consecuencias negativas para las regiones más pobres, y que cuentan con una regulación peor.

Puesto que altera tanto ríos como los costas, al promover la erosión, que hace más vulnerables a las playas ante las tormentas o posibles inundaciones causadas por el crecimiento de las mareas. Asimismo, la extracción produce estanques de agua que atraen mosquitos portadores de diversos virus.


Los objetivos y metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Convenio sobre la Diversidad Biológica trata de promover la explotación responsable de los recursos, a través de un consumo, producción y gestión de recursos naturales de manera respetuosa con el planeta. Sin embargo, en la actualidad, la extracción de arena, así como su posterior uso y comercio, no se encuentra regulada por ningún convenio internacional, únicamente por prohibiciones a nivel nacional o regional.

 

 

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