VISTO PARA SENTENCIA

Por Janire Alfaya y Natalia G. Vargas

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El jueves 30 de noviembre el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Santa Cruz de Tenerife acogió un juicio por quebrantamiento de medida de protección. Javier (nombre ficticio) fue acusado de cometer un delito contra la Administración de Justicia al vulnerar la orden de alejamiento emitida por la jurisdicción el día 13 de septiembre de 2017 a causa de un acto violento contra su ex pareja: Elisa (nombre ficticio), que acudió como testigo.


El 21 de octubre Javier llegó al trabajo de Elisa en torno a las 15.00 horas: la sala de recreativos de un centro comercial. “Ese día vino muypuesto”, declaró. Tal y como reveló en su testimonio, pronunciado entre lágrimas, el acusado la agredió verbalmente y reveló fotografías íntimas a los clientes del establecimiento.

Por el contrario, el segundo testigo, trabajador de la misma empresa, afirmó con serenidad que no detectó una conducta violenta por parte de Javier. Además, la Fiscalía le preguntó cuál era la distancia entre el agresor y Elisa, a lo que el declarante respondió que solo les separaba la barra.

Ante la disyuntiva que se presentó sobre la conducta del acusado en el momento del quebrantamiento, tres agentes de la Policía actuaron como testigos coincidiendo en el estado de alteración de Javier.

“Se comprobó que tenía una orden de alejamiento y el acusado lo reconoció”, “llevaba una navaja en la riñonera”, “él manifestaba que había consumido cocaína” y “decía que estaba allí porque ella lo había llamado”, fueron algunas de las declaraciones prestadas por las fuerzas de seguridad en un tono seguro.

“Ella no ha sido mi pareja”. Así comenzó el acusado una declaración dubitativa que se centró en culpabilizar a Elisa y no en responder a lo que se le preguntaba. Interrumpido en numerosas ocasiones por llamadas de atención del juez, Javier reiteró que entró y salió de los recreativos y que no sabía que ella trabajaba allí. También reconoció que estaba drogado, “aunque fue ella quien hizo que me enganchara”.

Asimismo, alegó que los días anteriores había mantenido una comunicación consentida por parte de ella y que ésta le enviaba fotografías íntimas. “Tiene una trayectoria de hombres…”, concluyó, ante la sorpresa de los presentes.

Al finalizar los testimonios, la defensa del acusado solicitó un atenuante de la condena, argumentando los efectos que la cocaína había dejado en su cliente.

Por contraposición, la Fiscalía alegó que la declaración de Javier había sido “desafiante, con respuestas evasivas y estúpidas” y que la alteración provocada por las sustancias estupefacientes no  era suficiente para reducir la pena.

Además, matizó la evidencia de su relación sentimental, tanto por pruebas de whatsapp como por la conformidad ejecutada por el acusado en el anterior juicio por violencia de género.

Por último, la defensa quiso aclarar el “ánimo espurio” de ella de querer que Javier fuese condenado, aseverando que uno de los requisitos para que exista una condena es la ausencia de voluntad para que ésta se produzca por parte del demandante.

También añadió que una de las causas por las que el agresor quebrantó la orden es que “las máquinas de los recreativos tienen un pitido que atrae a la gente”. Así, se dio la última oportunidad al acusado para que se pronunciase.

Javier pidió perdón e intentó sacar un recorte de periódico que había guardado durante todo el juicio, sosteniendo que Elisa había estado en la cárcel anteriormente. Así, el caso quedó visto para sentencia. 

 

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