LA HUELLA QUE DEJAS, CARNAVAL

 Por Benito Brito, Sol Chamorro, Noelia González y Christian Hernández

    gestion@360periodismo.com 

El bullicio, la gente y los colores del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife inundan año tras año sus principales calles. Sin embargo, solo hace falta bajar la vista hacia el suelo para observar su rastro. Los malos olores, los restos de disfraces y artilugios son algunas de las secuelas. Los cadáveres de la diversión son la cara oculta de este evento.

Cuando se detiene el bullicio de las carrozas, se apagan las luces de los escenarios y los carnavaleros se recogen a la luz de la mañana, los suelos de Santa Cruz se quedan repletos de suciedad. Vasos, disfraces, arquitecturas efímeras que hacían las ‘chanzas’ de la noche deambulan a la espera de que el equipo de limpieza de Urbaser, la empresa contratada por el Ayuntamiento, haga su labor.

En España, la primera regulación referida al tratamiento de residuos es la Ley 10/1998, de 21 de abril.Con ella, se inicia un debate para señalar las acciones a tomar por la basura que se genera y cómo inflluye en la conservación del entorno.

Desde Canarias, se señala que “la gestión de desechos tiene como finalidad evitar los perjuicios para los sistemas ambientales, los recursos naturales y el paisaje, erradicar y paliar molestias para las poblaciones, dar un tratamiento ambiental adecuado a las operaciones de eliminación, recuperar suelos contaminados, eliminar los vertederos no autorizados y controlar e integrarlos vertederos colmatados”, tal y como indica la Ley 1/1999, de 29 de enero, de Residuos de Canarias.


La legislación vigente de la Unión Europea, por su parte, establece un marco legislativo centrado en en seis puntos esenciales: prevención, residuos, reutilización, reciclaje, valorización y eliminación. No obstante y con respecto al primer concepto, Conchi Fariña, voluntaria de Greenpeace, comenta que “en la normativo que tenemos tanto del Cabildo o la Estatal, esto no se contempla o pasa de puntillas sobre ella».

Nosotros consideramos que un buen reglamento debe hacer especial hincapié en la prevención y esto es una de las principales cosas que no tenemos en Canarias. No se da solución directa para frenar o reducir los residuos”

 

Programas de gestión residual


En el Archipiélago existe también un Plan Director Insular de Residuos para cada isla, englobados dentro del marco legislativo de los Planes Integrales que fija la mencionada Ley Autonómica. El objetivo primordial de estas medidas es preservar los recursos naturales y el paisaje.

Asimismo, se han puesto en marcha otras acciones por parte de la Fundación Santa Cruz Sostenible, el Gobierno de Canarias y Ecoembes, dando lugar a la iniciativa Carnaval, te quiero limpio – Santa Cruz recicla, un proyecto llevado a cabo para mejorar el procedimiento de limpieza durante las Fiestas y disminuir los desperdicios producto de la celebración.

Algunas de las ideas se materializaron en puntos limpios e islas ecológicas instalados en los espacios de festejo para la separación en contenedores. Además, se implantó el uso de vasos reutilizables y la posibilidad de conseguir gratificaciones a cambio de envases de plástico. Esta medida fue propuesta como una prueba piloto.

Según explica Carlos Augusto Correa Correa, concejal de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Santa Cruz deTenerife. “Fue muy acogida, pero nos dimos cuenta de que aún así se seguían generando muchísimos residuos.

Datos de los residuos generados en el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife en 2018. Fuente: 360

El problema está en que tenemos que atacar en el origen: poner énfasis en aquellos bares o puntos de venta donde se vende la bebida, desde ahí es donde tienen que salir ya esos recipientes retornables”. A esto añade que la idea principal que se quiere conseguir desde la Institución es que en 2019, en el municipio, no se usen vasos de plástico desechables durante estas fechas.

 

¿Cuáles son sus efectos?

Esta problemática se ve reflejada en el aumento progresivo de recogida de basura ante la incompetencia y falta de eficacia de los planes. Según los Servicios Públicos de Santa Cruz, se juntaron un total de 528.310 kilogramos de residuos, 23 000 más que el año pasado durante los 10 días de Carnaval.

Frente a esto, Correa recalca que desde el Ayuntamiento de la capital se intenta conseguir que el impacto medioambiental sea lo más nimio posible. Por ello, indica, la basura de los carnavales tienen un tratamiento especial.

“Se amontona, se lleva a un punto de transición y se separa en origen. Esto conlleva, evidentemen-
te, que el coste del proceso sea más caro para la Institución”, concluye. No obstante, los desechos acaban en el Complejo Ambiental de Arico, la misma zona que el 80% de los restos que se producen en la Isla, tal y como denunció Pedro González, el concejal de Medio Ambiente del Municipio.

Los excesos generados en las Fiestas se incluyen, consecuentemente, dentro de un entramado aún mayor: datos del Cabildo de Tenerife indican que el Complejo y las plantas de transferencia de la Isla recibieron, hasta el mes de noviembre de 2017, más de 7 millones de toneladas de residuos domésticos, lo que supone un incremento del 4% con respecto a 2015.

 

Fragilidad Medioambiental


Así, aunque estas festividades solo se producen una vez al año, tienen un impacto medioambiental que no se puede aislar del contexto preexistente en las Islas: exceso de residuos sólidos en las zonas urbanizadas o las cantidades exorbitantes de agua sin depurar arrojadas al mar son dos de los principales detrimentos que acucian la sostenibilidad de Canarias.


Además, el Archipiélago lleva implícita la condición de tener un espacio geográfico bastante limitado, por lo que no se puede destinar mucho terreno para el depósito de basuras. En 2017, el concejal de Medio Ambiente de Arico, Pedro González, manifestaba que se ha querido convertir al P.I.R.S (el Complejo Medioambiental, situado en el municipio) en la solución a todas las dificultades de gestión de residuos.

En estas declaraciones sostenía que eran necesarias otras medidas con urgencia, así como apuntaba que “se está tratando un bajo porcentaje de todo lo que nos llega. Sepultar tantos restos, además de un método desfasado, es muy peligroso, sobre todo, si no se selecciona previamente; hay un claro riesgo para la salud por los gases que se generan y, sobre todo, por las posibles fisuras en las celdas de vertido de lixiviados”.

A esto el concejal añadía que “las primeras celdas no estaban impermeabilizadas” y que “está rezumando la descomposición de esa basura, entre la que hay materiales pesados y mercurio, lo cual nos parece muy nocivo porque están casi vertiéndose al mar”.

Concretamente, en la isla de Tenerife, la media de reciclaje está por debajo a la del Archipiélago, siendo una de las regiones con menos cantidad de papel y cartón tratado. Así se expone en el estudio “La gestión de residuos sólidos urbanos en Tenerife. Evaluación y estudio comparado”, realizado por el investigador y geógrafo Roberto Carpio Marrero.

En él se analiza el Plan Territorial Especial de Ordenación de Residuos (Pteor): un programa que no ha visto materializados sus propósitos iniciales. El Pteor contempla la creación de un total de 35 infraestructuras mientras que, a 2018, solo se han construido dos.

Con todo ello, con el nulo seguimiento de los planes insulares, los problemas de contaminación en Tenerife paralelos y las condiciones innatas de ser de la Isla, hace que las cifras sean alarmantes, tanto las generales como las concretas de Carnavales. 

 

Medidas sostenibles


Desde Greenpeace sugieren diversas estrategias para evitar los daños que causan a diario los residuos. En lo referido a la prevención, proponen una actuación sobre el mecanismo, esto es, introducir cambios en el proceso de fabricación del producto en base a, por ejemplo, materiales reciclables. También plantean prescindir de los contaminantes más nocivos. Otra de las ideas mencionadas es omitir el embalaje innecesario, que genera aún más despojos, y centrarse en el desarrollo de nuevas técnicas que ayuden a darle una mayor vida de uso a los objetos.

Con respecto al período de carnaval, distintas comunidades autónomas de España han puesto en marcha dinámicas enfocadas a lograr un consumo responsable y, con ello, reducir las sobras derivadas de estas fechas.

Algunos de los ejemplos vienen dados por el Ayuntamientos de Reus y de Tarragona, localizados en Cataluña. En Reus se convocó un mercadillo y en Tarragona se unieron varios centros: así se pudo crear, en ambos lugares, un entorno donde la gente podía intercambiar disfraces.

 

Un impacto reducido

El profesor de Ecología y director del Departamento de Botánica, Ecología y Fisiología vegetal de la Universidad de La Laguna, afirma que “la precaución también tiene un coste”, puesto que es importante la aplicación de iniciativas en favor de la reducción, pero teniendo en cuenta el coste económico que supone, así como otras consecuencias como la ‘huella de carbono’ que se genera».

Igualmente, Arévalo subraya que estas festividades se concretan en un impacto “puntual” y que gracias al plan de recogida y tratamiento, el efecto se consideraintegrado en dicho sistema. Por ello, sostiene que los despojos del evento “no son un problema”, y que tal vez la mayor contaminación sea la sonora, especialmente para quienes residen en el área metropolitana.

Por otro lado, el profesor califica de “eficiente” el trabajo desarrollado por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, responsables de la recolección y tratamiento de enseres, aunque afirma que ha centrado su estrategia en el tratamiento de los mismos y no tanto “en disminuir la producción de residuos”.

En adición, Arévalo menciona que gracias a la tecnología y a la administración de esta problemática “uno de los mayores avances en estos 25 años ha sido la centralización de la recogida de basura”, evitando así la proliferación de basura en el entorno. En último lugar, concreta la importancia de “una reducción lógica” sin que esta conlleve grandes gastos.

Gestión de residuos. | Elaboración: Revista 360

 

El arte de denunciar

Santa Cruz te quiero sucia: la cara b con “la b de basura” es el último proyecto de la artista y activista Irene Sanfiel o más conocida como ziREja. En él muestra la realidad de los residuos generados en los últimos carnavales de la ciudad tinerfeña. Desde hace años, Sanfiel ha cuestionado la cadena de consumo planteándose preguntas como a dónde iba la basura o si se podía hacer algo desde las diferentes perspectivas como la empresarial, la institucional o la consumidora.

En su desarrollo artístico, ziREja incluye la basura como elemento base de sus trabajos, comenzando así a “poner el foco en los residuos, además de utilizar el cuerpo femenino y el paisaje”. Su intención es emplear sus obras como “denuncia medioambiental”, señala, para sacar a la luz todo lo que sucede tras estas festividades, en las que toneladas de basura son recogidas por el ayuntamiento y son “escondidas”.

Sanfiel destaca que el punto es “el ciclo de consumo que hemos generado”, afirma que es imposible delegar la función de gestión y control exclusivamente hacia la gente que asiste al carnaval, pues existen otros muchos factores.

La activista, al margen de su crítica contra la producción excesiva de basura, alienta la labor desarrollada por la institución: “creo que la gestión de residuos en Tenerife es una de las mejores de España”. Sin embargo, incide en que el problema no es únicamente la administración y el método empleado, sino evitar generar tantas cantidades de residuos.

La activista también subraya la ausencia de “leyes y empoderamiento político para frenar el uso del plástico y los envases de un solo uso” para acabar así con un debate que lleva años en discusión.

 

¿Qué hacemos con nuestros envases?

La incógnita acerca de la “vida posterior” de los utensilios que se usan en Carnavales no solo es una cuestión que trata Zireja o las administraciones. También las personas de a pie son conscientes de los efectos de las fiestas. Jonathan García, carnavalero empedernido y foráneo de la zona de Weyler en Santa Cruz, recalca que cuando se está inmerso en la celebración los asuntos ambientales pasan a un segundo plano: “si eres de carnavales, aprendes a mimetizarte con ellos”.

Él mismo señala que ha notado una honda diferencia desde sus primeros carnavales.“Al día siguiente parece que no ha habido carnaval, pero es cierto que hay momentos clave en los que no paras de pisar basura”, comenta.

La eficacia del servicio de limpieza ha quedado constatada; por la maña-na no queda rastro de la fiesta, no obstante, toda esa basura no es tratada adecuadamente, segúndenuncia Fariña. Esto no solo resalta un fallo directo en el Plan de Gestión de Residuos, sino de que en él intervienen intereses políticos, como los acuerdos con Ecoembes, o de índole cívico.


“Aquí lo políticamente correcto sería decir que me llevo mis residuos, pero no, uno los acaba abandonando”, se apura a señalar Jonathan. Ante esta cuestión, tanto él como Conchi recalcan que hay una ausencia grave de propuestas o alternativas para disminuir o educar con conciencia ambiental a los carnavaleros.

La falta de contenedores, puntos de recogida de basura o campañas de concienciación, como las llevadas a cabo habitualmente contra las enfermedades de transmisión sexual, son el rastro que deja una inanición que parte de las instituciones locales. 

Europa es un referente a seguir por los sistemas de recogida que se han dispuesto. Algunos de ellos incentivan el reciclaje devolviendo a la ciudadanía el importe del precio total que corresponde al recipiente que se deposita. Esta idea fue propuesta por asociaciones como Greenpeace al concejal de Medio Ambiente en una de las reuniones que abordaban el asunto medioambiental.

A pesar de los esfuerzos, esta demanda no ha recibido respuesta. Por ello y ante el déficit de infraestructuras, conciencia o campañas, Jonathan lanza una pregunta: “¿qué hacemos con nuestros envases?”.

 

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