UN MILAGRO EN EL PÁRKING

Texto: Javier Gomes/ Imágenes: Rita Robaina

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Víctor Hubara, Diego Lupi, Amanhuy Cala y Carlos Padrós. Cuatro artistas que decidieron crear un proyecto nada más salir de la Escuela de Actores de Canarias. Abubukaka fue su nombre y el Café 7, de La Laguna, su nacimiento de cara al publico. En 360 nos hemos querido citar con el grupo y conocer sus experiencias dentro y fuera de los escenarios.

Parecía que los gritos al cielo (oficialmente plegarias) obraron el milagro de cancelar la blasfemia que estaba a punto de acontecer. Cierto es que en la Tierra algunos concejales contribuyeron a que no se produjese la ofensa al Santísimo Cristo. 

«Cartel promocional de un espectáculo de Abubukaka |Imagen: Abubukaka»

Gracias a Dios y a los propios miembros de Abubukaka, la obra que cuestionaba la Sanidad Publica, poniendo a Jesús como un mortal paciente que sufría el colapso de las listas de espera, no se presentaría en las fiestas del Cristo, sino en un aparcamiento de la trasera de los juzgados (algunas voces también clamaron por la justicia terrenal).

La lluvia que amenazó con cancelar la actuación sacó la sonrisa a cuatro personas que en lateral de los aparcamientos rezaban bajo los paraguas pidiendo parar la ofensa inminente.

«Puede que haya alguna que otra fase en la que nos burlemos de Cristo, pero somos libres de hacerlo», comentan los miembros de Abubukaka semanas después del evento, mientras se discutía el objetivo del sketch. Frases como «mi madre, esta tarde cayo la de yo» o «que sea lo que yo quiera» fueron algunas de las preferidas por los asistentes. 

«Mientras creamos, no solemos pensar en la repercusión que tendrá la obra», afirma Hubara. No obstante, el grupo admite que al crear la obra pensaron «como hagamos esto en las fiestas del Cristo se va a armar».

La incertidumbre reinó durante los minutos previos al acto. Los chubascos caían de forma intermitente, lo que provocaba dudas de si podrían actuar o no. Hubo unos instantes en los que la importancia y la resignación eran latentes, tanto para Abubukaka como para sus fieles. Pero en el guion no se estableció que el culebreen terminara de tal forma.

Faltaba lo que es, para cualquier virtuoso que se suba a la palestra a entregar su arte, lo más importante: el apoyo del respetable.

Aún con las sillas empapadas del aguacero recibido durante las últimas horas, un grupo de unas quince personas se acercaron al escenario. Con toallas, servilletas, paños y demás utensilios trataron de secar los asientos mientras se refugiaban con los paraguas. Acto que tuvo que conmover a alguna deidad porque como si de una recompensa se tratara, la lluvia amainó.

«Vamos a salir ahí a darlo todo. No sabemos si volverá a llover o no, pero lo que han hecho por nosotros es increíble y se merecen la mejor actuación que podamos ofrecer», comenta Diego Lupi antes de subirse al escenario. Era el momento de dejar las emociones atrás. Salieron a entregarse en cuerpo y alma a un público que los esperaba con el calor que no aportaba el clima.

 
Sus inicios

Once años antes del Cristo, un 23 de noviembre de 2006, Abubukaka realizó su primera actuación. Carlos explica que él, Amanhuy y Diego estaban en la misma clase, mientras que Víctor se encontraba dos cursos por detrás «debido a su retraso», indica entre risas. 

Al terminar la carrera, no quisieron esperar a que nadie lo llamara y trataron trabajar de forma independiente. Prepararon una serie de textos para el Café 7, donde estrenaron su primer espectáculo.

«Nosotros tratamos lo que esté de actualidad», comenta Amanhuy. Comenzaron siendo una especie de periódico mensual donde hacían noticias de lo que ocurría en la sociedad. Víctor explica que mezclaban lo absurdo con música, obteniendo así una sátira política que resultó divertida para sus espectadores desde que empezaron. Diego lo define como una «lectura humorística de lo que repercute en la sociedad». 

Cuando comenzó la actuación ya no quedaban asientos disponibles. La gente rodeaba de pie la zona de los espectadores y aplaudieron de forma unísona la entrada de los actores.

Diego con su alegría habitual y un tono de voz siempre animado, aseguró y gritó al cielo al entrar que «hemos venido a la I edición de las fiestas del parking con un único objetivo: armarla». La gente se puso en pie ante una entrada marcada por un ritmo novelero y festivo.

 

Diego: «Hemos venido a la I edición de las fiestas del parking con un único objetivo: armarla»

 

El estallido de júbilo llegó minutos después con la entrada de Víctor disfrazado de Cristo. El personaje que mostraba heridas marcadas por la cruz, se quejaba de las eternas listas de espera: «Llevo más de dos mil años esperando».

Los otros dos pacientes (Horacio Nelson y Aquiles, interpretados por Carlos y Diego, respectivamente) discutían junto al santísimo por quién debía ser atendido antes. El colmo llegó cuando apareció un dinosaurio exigiendo también entrar en la sala, lo que provocó el asombro y las carcajadas de los asistentes.

 

¿Por qué decidieron utilizar esos personajes?

«Cuando elaboramos los sketches ponemos unas cuantas temáticas en la pizarra. En este caso escogimos la sanidad. Pensamos cómo abordarlo y dijimos ‘oye, y si colocamos a tres viejo para interpretarlos’, y claro, ahí escogemos a los que se nos ocurra. Está claro que uno de los más jugosos es Cristo. No es por ofender a nadie, sino porque es de lo más famosos. Al final se trata de utilizar la cultura popular; hacer referencia a personajes u objetos con los que la gente se identifique o conozca», exponen.

La obra prosiguió y el clima respetaba la actuación. No había vuelto a llover, ni lo haría durante el resto del espectáculo. Diego, con su don para la interpretación en verso, ofreció una escena que combinaba una historia de amor con fragmentos de las canciones del momento. 

El público estaba rendido a la versatilidad de los componentes de Abubukaka para cambiar completamente el físico y la personalidad de un personaje a otro.

Dos de los integrantes de Abubukaka
Dos de los integrantes de Abubukaka. 

«Todos tenemos claro el rol de cada uno en la compañía. Buscamos el acomodo para todos y funciona si se encuentra la armonía entre los componentes». explica Diego. Amanhuy matiza que también les sirve conocerse bien entre ellos porque de esta forma saben que papel le viene bien a cada cuál y qué les puede aportar a cada compañero en el conjunto de la obra. «Uno puede tirar más de un estilo, otro de otro…», aporta Víctor.

Sin embargo, para ellos la apariencia no es lo más importante sobre el escenario. «Nosotros, que hacemos una especie de comedia épica, siempre tenemos un discurso claro de trasfondo», explica Carlos.

Pueden cambiar los personajes, pero no así sus ideas y pensamientos, que al final y al cabo es lo que buscan plasmar. «Siempre será más importante el discurso que el propio personaje en Abubukaka», concluye Diego.

 

Bueno, quería preguntar sobre la censura en España

«¡No puedes!» Exclama Diego con un gesto serio que enseguida toma por una carcajada involuntaria.

 

¿Creen que se impone en todos los ámbitos por igual o solo actúa cuando se ataca sobre una ideología predominante?

«A la censura le hemos hecho ya dos campañas de publicidad muy buenas. No creo que la ideología predominante en España sea fascista , pero sí creo que hay una mayor cercanía hacia el fascismo en España que hacia ella comunismo bien practicado. De hecho ya vimos hace poco cómo permitían cantar el Cara al Sol en las calles de Madrid. Se permite más esas cosas que si por ejemplo dices que vas a formar un Soviet. Así que respondiendo a tu pregunta, creemos que sí. Por ejemplo con la religión».

La I edición de las Fiestas del Parking se acercaba a su final y Abubukaka seguiría con su sátira política hasta la conclusión. A ritmo de Bohemian RhapsodyCarlos comenzó entonando al más estilo Mercury una canción dedicada a los medios de comunicación.

Trataron temas que aborda continuamente la prensa como la situación de Venezuela y la crisis de los refugiados, pero no se olvidaron de mencionar a ETA, el día de la Hispanidad y las revueltas que se producen en las manifestaciones, entre otros. El mensaje, obvio; los medios desinforman.

Amanhuy quiso comenzar la despedida agradeciendo al público haber llenado los aparcamientos y permanecer durante el espectáculo, pese a las amenazas constantes de la lluvia y el frío lagunero.

Invitó a que La Laguna sea una ciudad «donde todos podamos ejercer nuestro pensamiento, ideología y creencia libremente», a lo que el respetable respondió con un sonoro aplauso. Abubukaka finalizó la velada haciendo lo que mejor saben; cantar y reír. Amén.

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